Para poder comprender el fondo de este planteamiento, puede ser útil recurrir a un ejemplo extremo: Un paciente (cliente) va a su médico con una dolencia y le plantea que tiene un dolor, seguramente causado por un tumor maligno y que piensa que la cirugía, lo más posible, es la solución y afortunadamente
dispone de recursos económicos suficientes para dicha operación.

El médico, una vez examinando, se da cuenta que no hay tal tumor maligno y no se requiere cirugía, si no un tratamiento sencillo.

Un comportamiento de dar al paciente lo que él pide: la operación inmediata, ignorando lo que le conviene, llevará al paciente a una intervención y a una mejoría rápida, y a quedar muy contento con el médico, quien engañando al paciente, no solo gana su admiración por ser una “eminencia como cirujano”, sino que también se beneficia de altos honorarios, que no tendría si le dice la verdad, si busca el bien del “cliente”.

En el caso de optar por el engaño, no hace falta resaltar el aprendizaje realizado por el galeno y su sistema: a engañar cada vez mejor y a beneficiarse de ello y ano cumplir su misión de buscar el bien de su paciente. Tampoco debemos subestimar el aprendizaje de su paciente, quien más temprano que tarde, sobre el comportamiento inmoral de su médico y éste pronto dejará de tener pacientes, aún cuando sí podría tener compañeros de prisión.

El aprendizaje de la conducta moral es el crecimiento del “ser”, el adquirir el habito, la virtud de actuar (cada vez con menor esfuerzo), con una conducta ética, logrando una alta felicidad personal y ademas, el aprendizaje de su pacientes de que es de confiar y por tanto, afianzará un valor agregado sustentante en el ámbito económico.

Lo mismo ocurre con un organización cualquiera al prestar sus servicios o fabricar y entregar los
Productos, bien sean servicios profesionales: el auditor,
asesor, etc., quien, si presta el servicio que le pide el cliente, consciente de lo que realmente requerido por este, no es el solicitado, pero enfrentarlo implicaría desagrado, esfuerzo y menor ganancia inmediata, vs. Hacerse el “musiu”, cobrar y no hacer el esfuerzo para profundizar y dejar claro que algo no cuadra; cuando llegue a salir la luz, ello podrá sin duda en gran zozobra al cliente.
Ese cliente y el sistema del cual forma parte, tambien aprende, para desgracia del prestador del servicio engañoso.

Los mismo sucede con los productos: Un avión con fallas ocultas, y automóviles inseguros en su estabilidad o cigarrillos con alto contenido cancerígeno, que luego cueste muchas vidas; medicamentos con efectos dañinos posteriores, etc.

Lo moral o inmoral esta en la conciencia, en el conocimiento de lo que no le conviene al cliente , pero callarlo para buscar un mayor beneficio inmediato, o una conducta eficaz: primero el bien del cliente.

Ello implica que las organizaciones que logran incorporar la MISIÓN ( servir, satisfacer una necesidad), como el principal valor incluido en su cultura, pagan un precio, en el corto plazo pero construyen una plataforma permanente de sustentación económica. Maximizan el valor total de su organización, a largo plazo, tanto para bien de sus empleados, directivos y dueños - accionista, como para el de sus suplidores, especialmente para el de sus clientes y usuarios del del bien o servicio prestado.

Privilegiar la comodidad, y el valor económico a corto plazo, en detrimento de la “MISION”, es hipotecar el futuro y la permanencia. Esto es, !Pan para hoy hambre para mañana!. Es aprender a “mal ser”, para desgracia propia, donde el resultado final es perder - perder, en lugar de Ganar - Ganar.

Las organizaciones venezolanas, privadas y públicas, están encontrando el campo actualmente mas rentable (por tener esta área una gran conciencia de inversión previa): Invertir en el fortalecimiento del Sistema de Valores, para insertar su MISIÓN como un valor compartido, en un lugar muy alto en la escala de su cultura Organizacional. - !Buen negocio! - ( MFR).

E-mail: misases@telcel.net.ve.


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