
Lic. Manuel
Fontenla Rivas. M.S. Ciencias Mención Administración. Cofundador de Alimentos
Kraft.
Director de M.I.S. Asesores Gerenciales.
En los últimos
años ha tomado un auge mundial progresivo, el paradigma de los valores éticos y
morales como factor clave para el éxito empresarial sustentable.
Un evento gerencial que tenga lugar en cualquier parte del mundo, en el cual
participe Covey, Cornejo, Ribeiro o Sabater, tiene un éxito rotundo; si
cualquiera de esos “Gurúes” de la ética práctica es anunciado, la concurrencia
llena el escenario y sobrepasa cualquier expectativa. Ello se debe a la nueva
conciencia de los líderes mundiales respecto al concepto de sustentabilidad en
el ámbito ecológico y su relación con la ética gerencial, tanto en la empresa
privada como en el sector público.
Sin duda, los valores morales insertados en el clima Organizacional, constituyen
un ángulo definitorio de la sustentabilidad de la “ecología” del éxito de
cualquier organización. Lo que nos ocupa un valor moral insertado en el primer
nivel de la cultura organizacional. Como es sabido, la moral trata del
crecimiento interno que se produce en cada ser humano, a medida que adquiere la
virtud de hacer el bien. Haciéndolo un hábito, para otros seres humanos, por
respeto a su dignidad, lo cual lo hace más “ser”, lo hace más feliz y lo
trasciende, independientemente de que el receptor del bien sea conocido o no del
sujeto y aún cuando dicho receptor no reconozca el bien recibido y producido por
el agente.
El Dr. Antonio Pérez López, del IESE, tiene insertado en su libro denominado:
Liderazgo y Ética en la Dirección de Empresas (DEUSTO), lo siguiente: “aprender
a respetar a las personas (y los clientes, son personas), es una tarea muy
difícil, exige no engañarlas, pudiendo hacerlo; y no hay peor engaño que darles
aquello que piden, aun sabiendo que no les conviene, porque dándoselo obtengo un
beneficio y además, quedan contentos. Y ese respeto es condición necesaria para
poder darles un auténtico servicio”.
Esta filosofía está lejos de irrespetar al cliente
forzándolo a aceptar lo que él no desea, pero sí obliga a llevarlo a tener
conciencia de las consecuencias de lo que pide (en el extremo, lo moral puede
obligar a optar por no darle el servicio, como en el caso de que la petición sea
la eutanasia).
Cada miembro de una Organización, está movido por tres tipos de motivaciones,
como lo plantea el referido autor filósofo de la organización:
El primer tipo se denomina Motivación Extrínseca. El motivo está representado
por la respuesta que da el medio externo a la actuación del sujeto: El
reconocimiento, la paga, las recompensas que le hace por su servicio y por su
valía.
El segundo tipo, se denomina Motivación Intrínseca. En este caso los motivos que
mueven y satisfacen al sujeto, son de carácter interno: están representados por
el aprendizaje y la satisfacción que le produce la acción realizada en sí misma:
al poeta, el hacer poesía; al artesano y al pintor, al realizar y ver su obra;
al agricultor, al plantar un árbol y verlo crecer.
El tercer tipo de Motivación se denomina Trascendente. Es el crecimiento, el
aprendizaje de la satisfacción que siente el sujeto con la obra o trabajo
realizado con la intención de hacer algún bien para otros seres humanos, para
satisfacer sus necesidades, por el respeto que le tiene a su dignidad como
personas.
Una Organización empresarial constituye un sistema abierto que aprende, bien a
un comportamiento moral: cumplir su misión para satisfacer necesidades ajenas, o
a comportarse pensando en el beneficio propio, lo deseado, con baja preocupación
respecto al efecto que tenga su actuación en bien de los demás. La noción misma
de empresa, como sistema, es el medio que permite en la era actual la
supervivencia de seis millardos de seres humanos en el mundo, produciendo los
bienes y servicios que ellos requieren; cada empresa interactúa, por medio de la
cadena de valor, con otros sistemas abiertos, los cuales también aprenden
respecto al comportamiento de los demás sistemas.
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